viernes, 10 de julio de 2009

Job: ¿tiene el hombre motivos de esperanza?

















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13,1

Todo esto lo han visto mis ojos,
lo han escuchado y captado mis oídos.
Lo que vosotros sabéis también lo sé yo,
no soy inferior a vosotros.
Pero yo me dirijo a Sadday;
es con Dios con quien quiero discutir.
Vosotros sólo sois urdidores de mentiras,
cuaranderos vanos sois todos vosotros.
¡Ojalá guardarais silencio!
Al menos pareceríais sabios.

Escuchad, os lo ruego, mis razones;
atended la querella de mis labios.
¿Defendéis a Dios con falsedades;
decís en su favor mentiras?
¿Tomáis partido por él;
queréis servirle de abogados?
¿No convendría que él os examinara?
¿Lo engañaríais como se engaña a un hombre?
En verdad que seréis castigados
por vuestra secreta parcialidad.
¿Es que su majestad no os espanta,
ni sentís temor ante él?
Vuestros argumentos son de ceniza,
de barro son vuestras razones.
¡Callad! ¡Dejadme hablar, y venga sobre mí lo que fuere!
Llevo mi carne entre los dientes,
pongo mi vida en mi mano.
Él puede matarme. Nada espero,
sino defender ante él mi conducta.
[...]

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