domingo, 16 de agosto de 2009

Baruc, 5



1Despójate, Jerusalén, de tu saco de luto y aflicción,
vístete para siempre del esplendor de la gloria de Dios.
2Envuélvete en el manto de la justicia de Dios,
ponte en la cabeza la mitra de la gloria del Eterno;
3porque Dios mostrará tu esplendor
a todo lo que hay bajo el cielo.
4Tu nombre será para siempre ante Dios:
"Paz de justicia y gloria de piedad".
5Levántate, Jerusalén, ponte de pie sobre la altura
y mira hacia oriente:
contempla a tus hijos, congregados
desde el ocaso del sol hasta el oriente,
por la palabra del Santo, radiantes porque Dios se acordó de ellos.
6Salieron de ti a pie, llevados por sus enemigos;
ahora te son devueltos por Dios,
traídos con gloria, como hijos de reyes.
7Porque Dios decidió allanar
toda alta montaña y las colinas eternas,
rellenar los barrancos hasta nivelar la tierra,
para que Israel camine seguro bajo la gloria de Dios.
8Hasta las selvas y los árboles aromáticos
darán sombra a Israel por orden de Dios.
9Porque Dios conducirá felizmente a Israel
a la luz de su gloria,
con la bondad y la justicia que vienen de él.

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