miércoles, 19 de agosto de 2009

La sabiduría divina dirige la historia de Israel

La sabiduría, guía de los patriarcas*
101Ella protegió al primer ser formado,
al padre del mundo, que fue creado solo,
lo levantó de su propia caída,
2y le dio poder para dominarlo todo.
3De ella se alejó el injusto, dominado por la ira,
y pereció por causa de su furor fratricida.
4La tierra, por su culpa sumergida,
fue de nuevo salvada por la sabiduría,
que guió al justo en un frágil leño.
5Cuando, concordes en su perversidad,
fueron confundidas las naciones,
ella distinguió al justo, lo guardó irreprochable ante Dios,
y lo mantuvo fuerte frente al amor por su hijo.
6Cuando los impíos eran exterminados, ella libró al justo,
que huía ante el fuego abatido sobre la Pentápolis.
7Y como testimonio de aquella maldad,
todavía subsiste una árida y humeante tierra,
plantas cuyos frutos no alcanzan sazón,
y como recuerdo de un alma sin fe,
se levanta una columna de sal.
8Por haber dejado a un lado la sabiduría,
no sólo se privaron de conocer el bien,
sino que dejaron a los vivos memorial de su insensatez,
para que no quedaran ocultos sus errores.

9La sabiduría libró de penas a quienes la servían.
10Al justo que huía de la cólera de su hermano
lo guió por caminos de rectitud;
le mostró el reino de Dios,
y le dio el conocimiento de las cosas santas;
le hizo salir airoso de sus fatigas,
e hizo fecundos sus esfuerzos.

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