martes, 24 de agosto de 2010

Oren siempre por los que forman parte del pueblo de Dios, Efesios 6,18


No importa que cada cual piense de una manera diferente, todos nos sabemos parte del mismo cuerpo.

El dolor se siente en todo el cuerpo cuando una parte no está bien.
No se rinde de la misma manera con el dolor que sin el.

Cuando me dolía la espalda cada vez que daba un paso y el dolor agudo apretaba, era imposible que mi pensamiento no estuviera por un momento con el dolor.

Gracias a Dios, la espalda dejó de doler y hoy mis pensamientos ya no se acuerdan apenas de el. Incluso he llegado a olvidarme de que un día, y un tiempo me dolió.

Hoy mis pensamientos los absorben otras cosas, que como pecadora y mísera que soy unos momentos son dedicados a Dios, otros a mi y a mis hermanos.

Reconozco que la mayoría de mis pensamientos y rezos son mundanos, por cosas mundanas, por cosas que pasan en el día a día.

El ideal sería estar en rezos y oros en comunión perfecta con Dios, fundidos en la PLENITUD de su AMOR.

Esa fusión no es posible, mientras nuestros pensamientos son absortos por los más mundanos.

Los pensamientos puros y elevados son los que más Te acercan y te aproximan a Dios.

domingo, 15 de agosto de 2010


Elvira Moragas se licenció en farmacia en 1905 y fue la primera mujer en matricularse en los cursos de doctorado en dicha especialidad, con asignaturas como la microbiología entre otras. Los cursos de doctorado suponían dar un paso hacia la formación científica que debía enriquecerse con conocimientos que daban las denominadas asignaturas de doctorado cursadas, aplicables a un trabajo de investigación que defendido públicamente permitiría la conquista del título de doctor.



Nació en Lillo (Toledo), el 8 de enero de 1881, y su vida ha sido precisamente estudiada por Jose Carlos Areses Gándara en su libro “La vida de la beata Maria Sagrario. Farmacéutica, Carmelita y Mártir”. Hija y nieta de farmacéuticos, seguiría sus pasos antes de ingresar en el Carmelo. En 1885, la familia se trasladó a Madrid, por ser su padre proveedor farmacéutico de la Casa Real. Terminados sus estudios en el Instituto Cardenal Cisneros, estudió farmacia en la Facultad de Farmacia, de la Universidad Central de Madrid. Fue la primera mujer licenciada en farmacia de España, y la vigésimo novena que realizó estudios universitarios, licenciándose el 16 de junio de 1905 y llegando a ejercer la profesión en la farmacia de su padre.



Pero su incipiente carrera científica y profesional se truncó de manera pacífica y significativa, cuando en 1915, con 34 años, ingresó en el Carmelo, tomando el hábito el 21 de diciembre de ese mismo año, haciendo su primera Profesión el 24 de diciembre de 1916, y la definitiva el 6 de enero de 1920. Se sabe que en el convento ejerció diversas labores, desde enfermera hasta tornera y Maestra de novicias. Fué elegida, Priora del convento el 1 de julio de 1936, por segunda vez. El 18 de julio del mismo mes, recién iniciada la Guerra civil, fueron apedreadas las ventanas de la iglesia conventual, sin más ni más, y la Madre María del Sagrario de san Luis de Gonzaga dijo a las religiosas que, si querían irse con su familia, eran libres de hacerlo, pero que ella se quedaba allí, por lo que la mayoría se quedaron con ella. Ella rezaba diciendo : «Tengo que velar por todas mis pequeñas».



El 14 de agosto, mientras rezaba la Liturgia de las Horas, unos milicianos –actualmente presuntos defensores de la democracia, héroes anónimos, etc. etc.- la apresaron y la condujeron a la checa de Marqués de Riscal. Como solían hacer con los inocentes consagrados, le interrogaron por «los tesoros del convento», a lo que ella respondió escribiendo en un papel: ¡Viva Cristo Rey!. Desde allí se la llevaron, insultándola y agrediéndola verbal y físicamente, a la pradera de San Isidro, donde la fusilarían por la noche, víspera de la Asunción. Una testigo presencial, la Hermana Natividad, que estuvo junto a ella en esas últimas horas que pasó en la checa, afirmó: «Siempre veía a la Madre como a una santa; la veía siempre recogida, con un semblante de paz y de serenidad».



El 10 de mayo de 1998, III Domingo de Pascua, Juan Pablo II la beatificó diciendo en su homilía:

Sor María del Sagrario de San Luis Gonzaga



. El 1 de julio de 1936 fue elegida, por segunda vez, Priora del convento. Diecisiete días más tarde, el día del alzamiento, fueron apedreadas las ventanas de la iglesia conventual. Ante la difícil situación que preveía para sus Hermanas, la Madre María del Sagrario dijo a las religiosas que, si querían irse con su familia, eran libres de hacerlo. Preguntada después si ella iba a marcharse, respondió: «Yo no me voy, me quedo aquí», a lo que todas respondieron: «Pues nosotras también nos quedamos». Finalmente, ante los ruegos de algunos familiares, se marcharon unas cuantas, y se quedaron en el convento diez, incluida la Priora. Los seglares que vivían cerca de las monjas les pidieron que salieran, pero ellas decidieron quedarse.
Hacia el martirio

Convento de Santa Ana y San José,
en la que es hoy la calle Conde Peñalver, en Madrid
El día 20, la fachada del convento recibió los impactos de numerosas balas de fusil; dentro, las carmelitas no cesaban de rezar. De repente, una multitud entró en el convento destrozándolo todo, empeñándose con saña en los objetos del culto litúrgico, que acabarían quemando en una hoguera levantada en el exterior. A las monjas las detuvieron y las llevaron a la Dirección General de Seguridad; por el camino, iban cantando la Salve y el Te Deum, entre el desprecio de los guardias. Allí, en medio de la confusión, las dejaron libres para marcharse cada una a su casa. La Madre María del Sagrario se refugió en casa de sus padres, desde donde continuaba velando a distancia por aquellas con las que compartía su vida religiosa: «Tengo que velar -decía- por todas mis pequeñas».
El día 14 de agosto, mientras rezaba la Liturgia de las Horas, unos milicianos se presentaron en su casa, la detuvieron y la condujeron a una checa cercana. Allí le interrogaron por «los tesoros del convento», a lo que ella respondió escribiendo en un papel: ¡Viva Cristo Rey! Desde allí, la llevarán a la pradera de San Isidro, donde la fusilarían por la noche, víspera de la Asunción. La Hermana Natividad, que estuvo junto a la Madre Sagrario en esas últimas horas que pasó en la checa, afirmó: «Siempre veía a la Madre como a una santa; la veía siempre recogida, con un semblante de paz y de serenidad». El 10 de mayo de 1998, Juan Pablo II beatificó a aquella que siempre quiso perder la vida por amor a Jesucristo.

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