domingo, 15 de agosto de 2010


Elvira Moragas se licenció en farmacia en 1905 y fue la primera mujer en matricularse en los cursos de doctorado en dicha especialidad, con asignaturas como la microbiología entre otras. Los cursos de doctorado suponían dar un paso hacia la formación científica que debía enriquecerse con conocimientos que daban las denominadas asignaturas de doctorado cursadas, aplicables a un trabajo de investigación que defendido públicamente permitiría la conquista del título de doctor.



Nació en Lillo (Toledo), el 8 de enero de 1881, y su vida ha sido precisamente estudiada por Jose Carlos Areses Gándara en su libro “La vida de la beata Maria Sagrario. Farmacéutica, Carmelita y Mártir”. Hija y nieta de farmacéuticos, seguiría sus pasos antes de ingresar en el Carmelo. En 1885, la familia se trasladó a Madrid, por ser su padre proveedor farmacéutico de la Casa Real. Terminados sus estudios en el Instituto Cardenal Cisneros, estudió farmacia en la Facultad de Farmacia, de la Universidad Central de Madrid. Fue la primera mujer licenciada en farmacia de España, y la vigésimo novena que realizó estudios universitarios, licenciándose el 16 de junio de 1905 y llegando a ejercer la profesión en la farmacia de su padre.



Pero su incipiente carrera científica y profesional se truncó de manera pacífica y significativa, cuando en 1915, con 34 años, ingresó en el Carmelo, tomando el hábito el 21 de diciembre de ese mismo año, haciendo su primera Profesión el 24 de diciembre de 1916, y la definitiva el 6 de enero de 1920. Se sabe que en el convento ejerció diversas labores, desde enfermera hasta tornera y Maestra de novicias. Fué elegida, Priora del convento el 1 de julio de 1936, por segunda vez. El 18 de julio del mismo mes, recién iniciada la Guerra civil, fueron apedreadas las ventanas de la iglesia conventual, sin más ni más, y la Madre María del Sagrario de san Luis de Gonzaga dijo a las religiosas que, si querían irse con su familia, eran libres de hacerlo, pero que ella se quedaba allí, por lo que la mayoría se quedaron con ella. Ella rezaba diciendo : «Tengo que velar por todas mis pequeñas».



El 14 de agosto, mientras rezaba la Liturgia de las Horas, unos milicianos –actualmente presuntos defensores de la democracia, héroes anónimos, etc. etc.- la apresaron y la condujeron a la checa de Marqués de Riscal. Como solían hacer con los inocentes consagrados, le interrogaron por «los tesoros del convento», a lo que ella respondió escribiendo en un papel: ¡Viva Cristo Rey!. Desde allí se la llevaron, insultándola y agrediéndola verbal y físicamente, a la pradera de San Isidro, donde la fusilarían por la noche, víspera de la Asunción. Una testigo presencial, la Hermana Natividad, que estuvo junto a ella en esas últimas horas que pasó en la checa, afirmó: «Siempre veía a la Madre como a una santa; la veía siempre recogida, con un semblante de paz y de serenidad».



El 10 de mayo de 1998, III Domingo de Pascua, Juan Pablo II la beatificó diciendo en su homilía:

2 comentarios:

Theo dijo...

Hola. Me ayuda mucho sber sobre la vida de los santos. Terribles checas.Gracias.

Margalida dijo...

Terribles checas y que no vuelvan estos tiempos pasados.

Espero que todas las partes estén a favor del diálogo y la compresión.
Estén a favor de la Paz.

Espero y deseo que Dios nos libere de los políticos sangoneras y de los que no temen a Dios.

La gente atea mal intrepreta lo que es temor a Dios, cuanta falta les hace y pensar con los que ellos chupan la sangre hasta dejarlos sin nada.
Ellos van engordando como viles sanguijuelas.
Les estrujan hasta el último céntimo y los políticos se compran de lo mejor de lo mejor, con unos sueldos para alimentar a un batallón, será el batallón que llevan dentro y por eso se creen en el derecho de guardarselo para ellos.

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