martes, 24 de agosto de 2010

Oren siempre por los que forman parte del pueblo de Dios, Efesios 6,18


No importa que cada cual piense de una manera diferente, todos nos sabemos parte del mismo cuerpo.

El dolor se siente en todo el cuerpo cuando una parte no está bien.
No se rinde de la misma manera con el dolor que sin el.

Cuando me dolía la espalda cada vez que daba un paso y el dolor agudo apretaba, era imposible que mi pensamiento no estuviera por un momento con el dolor.

Gracias a Dios, la espalda dejó de doler y hoy mis pensamientos ya no se acuerdan apenas de el. Incluso he llegado a olvidarme de que un día, y un tiempo me dolió.

Hoy mis pensamientos los absorben otras cosas, que como pecadora y mísera que soy unos momentos son dedicados a Dios, otros a mi y a mis hermanos.

Reconozco que la mayoría de mis pensamientos y rezos son mundanos, por cosas mundanas, por cosas que pasan en el día a día.

El ideal sería estar en rezos y oros en comunión perfecta con Dios, fundidos en la PLENITUD de su AMOR.

Esa fusión no es posible, mientras nuestros pensamientos son absortos por los más mundanos.

Los pensamientos puros y elevados son los que más Te acercan y te aproximan a Dios.

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