domingo, 15 de agosto de 2010

Sor María del Sagrario de San Luis Gonzaga



. El 1 de julio de 1936 fue elegida, por segunda vez, Priora del convento. Diecisiete días más tarde, el día del alzamiento, fueron apedreadas las ventanas de la iglesia conventual. Ante la difícil situación que preveía para sus Hermanas, la Madre María del Sagrario dijo a las religiosas que, si querían irse con su familia, eran libres de hacerlo. Preguntada después si ella iba a marcharse, respondió: «Yo no me voy, me quedo aquí», a lo que todas respondieron: «Pues nosotras también nos quedamos». Finalmente, ante los ruegos de algunos familiares, se marcharon unas cuantas, y se quedaron en el convento diez, incluida la Priora. Los seglares que vivían cerca de las monjas les pidieron que salieran, pero ellas decidieron quedarse.
Hacia el martirio

Convento de Santa Ana y San José,
en la que es hoy la calle Conde Peñalver, en Madrid
El día 20, la fachada del convento recibió los impactos de numerosas balas de fusil; dentro, las carmelitas no cesaban de rezar. De repente, una multitud entró en el convento destrozándolo todo, empeñándose con saña en los objetos del culto litúrgico, que acabarían quemando en una hoguera levantada en el exterior. A las monjas las detuvieron y las llevaron a la Dirección General de Seguridad; por el camino, iban cantando la Salve y el Te Deum, entre el desprecio de los guardias. Allí, en medio de la confusión, las dejaron libres para marcharse cada una a su casa. La Madre María del Sagrario se refugió en casa de sus padres, desde donde continuaba velando a distancia por aquellas con las que compartía su vida religiosa: «Tengo que velar -decía- por todas mis pequeñas».
El día 14 de agosto, mientras rezaba la Liturgia de las Horas, unos milicianos se presentaron en su casa, la detuvieron y la condujeron a una checa cercana. Allí le interrogaron por «los tesoros del convento», a lo que ella respondió escribiendo en un papel: ¡Viva Cristo Rey! Desde allí, la llevarán a la pradera de San Isidro, donde la fusilarían por la noche, víspera de la Asunción. La Hermana Natividad, que estuvo junto a la Madre Sagrario en esas últimas horas que pasó en la checa, afirmó: «Siempre veía a la Madre como a una santa; la veía siempre recogida, con un semblante de paz y de serenidad». El 10 de mayo de 1998, Juan Pablo II beatificó a aquella que siempre quiso perder la vida por amor a Jesucristo.

3 comentarios:

Theo dijo...

Hola. Qué gran regalo el martirio. cuanto miedo da a veces el hombre.Gracias.

Margalida dijo...

uyyyy que susto y que miedica soy yo.
Nunca me ha apetecido el martirio.

Francamente si puede ser prefiero no tener que pasar por ello.

mar dijo...

Conocia la historia de esta gran mujer.
Yo sería capaz de morir por mi Dios?

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